Noviembre llega siempre con un aire de recogimiento. Es el mes en el que se celebra la festividad de Santa Cecilia, patrona de la música. Una cita especial en la que elevamos nuestras oraciones por todos aquellos músicos y músicas que, con su talento y entrega, ponen sonido y emoción a la devoción de nuestros Titulares.
Este boletín quiere ser también un homenaje a quienes hacen posible que la música sea oración, sentimiento y memoria viva de nuestra Hermandad. En sus páginas encontramos tres entrevistas que nos acercan a diferentes voces unidas por una misma pasión. La primera, a Francisco Javier Torres Simón, compositor que nos regaló la marcha Décima para Jesús Despojado y De tu mano para María Santísima del Dulce Nombre; obras que ya forman parte del alma sonora de nuestra historia.
Continuamos con las palabras de Ignacio García Pérez, director y compositor de la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras, a quien agradecemos tantos años de esfuerzo, constancia y amor a la música al frente de esta formación, ejemplo de compromiso y fe.
Nos acompaña también Manuel Elvira Jerez, director y compositor de la Banda de los Ángeles de nuestra ciudad, músico de gran trayectoria, cuyas opiniones críticas, siempre constructivas, enriquecen y acompañan el camino de nuestra Hermandad desde aquel primer año de María Santísima del Dulce Nombre.
Y cerramos este boletín de noviembre con el testimonio cercano de nuestro querido hermano Jorge Jiménez de Baldomero, compositor de la marcha Fígares. Pero más allá de su talento, Jorge es parte viva de nuestra historia: hermano desde la cuna, testigo del crecimiento de esta Hermandad, y ejemplo de cómo la fe y la devoción pueden transformarse en música que emociona.
Esperanza Aranda Rodas
La música se define como el arte de combinar los sonidos con el tiempo, ¿qué ingrediente adicional aporta la música procesional que tanto apasiona?
En la música procesional el tiempo no es solo una dimensión sonora, es un tiempo humano, medido por el paso, por la respiración de los músicos y por el ritmo de una emoción compartida. No es música para ser escuchada de principio a fin en silencio, sino para acompañar una experiencia viva, que se transforma con cada esquina, con cada aplauso o cada silencio del público. El compositor, en este contexto, no trabaja solo con notas: trabaja con atmósferas, con distancias, con memoria. Escribe para un sonido que se proyecta entre muros, que resuena en piedra y se disuelve en el aire. Cada decisión técnica —una modulación, un timbre, una progresión armónica— tiene detrás una intención física: hacer que la música “habite” la calle con naturalidad, que respire con ella.
Pero quizá lo más apasionante es que en la música procesional la emoción no se impone, se comparte. No nace de la grandilocuencia, sino de la coherencia entre lo que suena y lo que sucede. Cuando una marcha está bien escrita, uno siente que el paso y la música se entienden sin mirarse, que ambos se acompañan como si fueran el mismo lenguaje. Y ahí está su misterio: la música procesional no busca el aplauso ni la contemplación, sino la transformación del instante. Convertir un recorrido en un relato. Dar sentido al silencio antes y después de cada nota. Es un tipo de música que exige conocimiento técnico, sí, pero sobre todo una sensibilidad hacia lo invisible: hacia la respiración de la ciudad, la memoria de sus calles y la emoción que une a quienes viven ese momento.
Cuando se aporta tanto a la música procesional y durante tanto tiempo, ¿se tiene una marchapropia favorita
Es una pregunta que siempre me cuesta responder, porque con el tiempo uno entiende que cada marcha pertenece a un momento vital distinto. Hay obras que nacen de la intuición juvenil, escritas casi de un tirón, con esa energía fresca que solo da la primera vez. Y hay otras que aparecen después, más meditadas, donde uno busca algo más profundo: no solo emocionar, sino razonar qué quiere decir cada compás.
Por eso no tengo una marcha “favorita” en el sentido sentimental, pero sí hay algunas que reconozco como puntos de inflexión. Piezas donde sentí que mi lenguaje encontraba su sitio: donde lo sinfónico y lo popular, lo académico y lo de la calle, podían convivir sin conflicto. Cuando eso ocurre, uno siente que la música deja de ser un ejercicio técnico y se convierte en una verdad.
A veces una marcha marca una etapa; otras, marca una forma de mirar la música. Hay obras que escribí con la cabeza y otras que nacieron directamente del corazón, pero las que más estimo sonaquellas que logran mantener el equilibrio entre ambas: las que conservan la emoción primaria, pero están construidas con rigor, con intención y con respeto al género. Con los años, he aprendido que lo importante no es elegir una favorita, sino reconocer en cada una el rastro de la búsqueda. Cada obra deja una huella: una solución armónica que abre caminos, un giro melódico que vuelve una y otra vez, o simplemente una emoción que ya no se puede repetir.
Así que, más que tener una marcha preferida, diría que tengo una relación distinta con cada una. Todas me recuerdan quién era cuando las escribí y qué buscaba entonces. Y en el fondo, ese es el verdadero privilegio de componer: poder mirar atrás y ver que tu música ha ido creciendo contigo, acompañando tu propio proceso vital del mismo modo que acompaña el de los demás en la calle.
De tu mano se ha convertido en la banda sonora del palio de nuestra hermandad, ¿cuál fue tu inspiración para condensar en un pentagrama la devoción a nuestra Madre del Dulce Nombre?
Desde el principio tuve claro que lo esencial de esta imagen era el diálogo entre la Virgen y San Juan, ese gesto tan íntimo de las manos unidas. Es una composición visual bellísima, porque no representa solo el acompañamiento, sino la humanidad del consuelo. Hay un gesto silencioso, casi invisible, que lo dice todo. Mi punto de partida fue traducir ese gesto a sonido: que la música respirara esa complicidad, esa ternura contenida entre ambos.
A nivel musical, quise que la obra reflejara también la identidad del barrio donde nace la Hermandad, su carácter contemporáneo y vital. Por eso la marcha comienza con un lenguaje armónico que roza el jazz, con colores más modernos, cadencias menos previsibles y un sentido rítmico que se aparta de la solemnidad tradicional. No era una provocación, sino una forma de decir: esta Virgen pertenece al presente, a una comunidad viva que mira hacia adelante.
Conforme la procesión avanza y la cofradía se adentra en el centro de la ciudad, la música se transforma con ella. Aquel motivo moderno, que al principio parece casi improvisado, se va depurando hasta volverse clásico, más melódico, más vertical. Es como si la propia marcha narrara un viaje: el del barrio hacia Pasiegas, pero también el de lo cotidiano hacia lo trascendente.
Esa transición fue, para mí, el núcleo expresivo de la obra. Quise que el oyente —y el espectador— percibiera cómo la música cambia de piel sin perder su identidad, igual que la Virgen y San Juan mantienen su gesto de unión mientras el entorno se transforma. En el fondo, se trataba de escribir una música que no describiera la imagen, sino que la acompañara en su propio devenir: que empezara con el pulso vivo del barrio y terminara con la calma luminosa de la llegada. Si esta marcha se ha convertido en parte de la hermandad, algo de lo que me siento realmente orgulloso, quizá es porque supo hablar el mismo lenguaje: el de la cercanía, la evolución y la fe entendida como un gesto compartido.
"Décima" para Nuestro Padre Jesús Despojado y "De tu mano" para María Santísima del Dulce Nombre. ¿Qué semejanzas tienen ambas composiciones?
Aunque ambas marchas pertenecen a la misma Hermandad, nacen de impulsos completamente distintos. En realidad, podríamos decir que forman un díptico, dos miradas complementarias de una misma realidad. “Décima”, cuyo nombre surge de la décima estación del Vía Crucis (Jesús es Despojado de Sus Vestiduras) representa la energía, la fuerza del momento en que Cristo es despojado: es una música que no contempla, sino “De tu mano”, en cambio, pertenece al otro extremo del espectro emocional. Si “Décima” es impulso y despojo, “De tu mano” es consuelo y permanencia. Donde una se construye desde la energía, la otra se sostiene sobre la calma; donde hay contraste y fuerza, aquí hay equilibrio y ternura. En el fondo, ambas se responden: una expone el conflicto, la otra lo reconcilia.
No fue una decisión premeditada, sino algo natural. Al escribir para ambos titulares comprendí que necesitaban dos lenguajes independientes, porque cada uno expresa un modo distinto de entender la fe y la humanidad. Jesús Despojado encarna la lucha, la entrega, la dignidad en la vulnerabilidad; la Virgen del Dulce Nombre representa la serenidad que sostiene, la mirada que acompaña sin ruido.
Quizá la única semejanza profunda entre ambas obras sea que las dos buscan la verdad emocional del instante. No hay artificio, solo el intento de convertir en sonido lo que el paso transmite con su sola presencia. Y juntas, “Décima” y “De tu mano” acaban construyendo una unidad simbólica: la dualidad de la Hermandad, la tensión y la calma, la tierra y la luz, el movimiento y el sosiego. Dos músicas diferentes que, cuando se escuchan con distancia, terminan hablando el mismo idioma: el de una misma historia contada desde dos rostros.
Tenerte en la dirección musical de la banda de Jesús Despojado es un verdadero lujo para la Hermandad, ¿pensaste en tus inicios que se podrían lograr estas cotas tan ambiciosas?
La verdad que, como todo proyecto ambicioso los comienzos no son nada sencillos. Era una idea arriesgada y novedosa para el estilo de las cornetas y tambores de la ciudad y la verdad que a día de hoy, con total sinceridad, no pensaba llegar tan lejos con esta idea y lograr todo lo que estamos consiguiendo, ser referencia del estilo a nivel nacional. Claramente, nada de esto sin el apoyo incondicional de mis músicos hubiera sido posible ya que, desde primera hora han apoyado cualquier proyecto que hemos querido realizar.
¿Qué significa para ti Nuestro Padre Jesús Despojado? ¿Qué le dices cuando te quedas a solas con Él?
El es el centro de toda idea, proyecto y como no, motivación y fuerza para sacarlos adelante.
En los días malos, sacas la fuerza que sea necesaria por verlo aparecer un nuevo Domingo de Ramos y en los buenos, intentas hacerlo mejor aun, por el mismo motivo.
Teniéndolo enfrente, soy de pocas palabras, el sabe y yo se, me gusta mirarlo porque siento que alrededor todo se para.
¿Cuál es el siguiente reto que te propones a nivel personal? ¿Y para la banda de Jesús Despojado?
Estoy teniendo la suerte de hacer realidad todos los sueños musicales que un día me propuse, así que solo me queda seguir por esta senda del trabajo y seguro que cosas buenas seguirán llegando.
Como bien sabéis estamos inmerso en el proyecto “Fígares” tanto como trabajo discográfico, documental y seña de identidad de todos los que somos de el y ella.
Aun así no nos gusta descuidar la musica y año a año intentamos dar ese pequeño paso de mejora musical para nunca quedarnos estancados en lo de siempre.
Una marcha clásica: La Madrugá
Una marcha contemporánea: El Día del Señor
Una marcha propia: El Cielo Ganó Una Estrella
Una banda que te inspira: Rosario de Cádiz
Un compositor: Jose María Sánchez Martin
Una imagen de Cristo que te conmueve: Via-Crucis
Un paso de palio: Consolación
A nivel musical, ¿qué significa el palio de María Santísima del Dulce Nombre para la Banda de los Ángeles?
Entiendo que el palio de María Santísima del Dulce Nombre supone para la banda una gratificación profundamente emocional, tanto a nivel colectivo como personal, por infinidad de motivos.
Los más destacables son, que setrata de un palio con un estilo e idiosincrasia que encajan a la perfección con el carácter musical de nuestra formación, hasta el punto de parecer hechos el uno para el otro.
Además, tuvimos la fortuna de estrenarlo en la calle aquel Domingo de Ramos de 2019, con toda la ilusión que ello conllevaba y con las melodías de fondo de la marcha De tu Mano, de Fco. Torres Simón.
Resumiendo, para la Banda de los Ángeles el palio del Dulce Nombre significa, nunca mejor dicho, caminar de la mano de la Santísima Virgen cada Domingo de Ramos y siempre agradecidos por el cariño y el amparo que nos brinda toda la Hermandad de Jesús Despojado con su apoyo incondicional.
El repertorio de un paso de palio, ¿se prepara o se sueña?
Se sueña. Hacer música para un paso de palio, a mi entender, no es algo que simplemente se prepare. Preparar sería ejecutar mecánicamente algo ya hecho, como si fuese un proceso informático. Pero esto va mucho más allá: el paso de palio es la descripción más absoluta de la belleza, el lugar donde se cobija a la Madre de Dios. Por eso, su música conlleva una responsabilidad tan grande que a veces sentimos que ni siquiera alcanzamos a estar a la altura de tan maravillosa conjunción.
Cuando se sueña con ello, se nutre y se moldea lo que brota del corazón. Se sueña con interpretar marchas de grandes autores de este género —los Font, Gámez Laserna, Faus, Farfán, entre otros—, y en ese sueño aparece lainesperada revirá en una calle que absorbe y reconforta. Todo se completa con la magia que tiene un palio en la calle, con su propia música: la que surge cuando las bellotas de las bambalinas rozan la orfebrería delos varales, cuando el tintineo y el crujir de la parihuela dialogan en perfecta consonancia con la banda.
En el momento en que todo esto se encorsetara, se estudiara o se mecanizara sin antes vivirse, perderíamos la esencia y la magia. Por eso, un repertorio de palio no se prepara... se sueña.
Como nostálgico de los grandes compositores de la música procesional, ¿cómo ves el futuro de la música cofrade?
Ni todo lo antiguo era bueno ni todo lo actual es malo. Es cierto que vivimos un momento de gran motivación en el género de la música procesional, en todos sus aspectos. En el terreno compositivo, he de reconocer que hay autores muy preparados, con proyección y con un estilo fresco, atractivo y de gran calidad. Estoy convencido de que varias de esas marchas acabarán convirtiéndose en repertorio común porque ya forman parte de la música de nuestra Semana Santa.
Quizás el mayor problema hoy en día es la masificación. Personalmente, siento que no hay tiempo suficiente para asimilar tanto en tan poco espacio. Somos conscientes de que cada banda estrena al año un número excesivo de marchas, y eso dificulta que se valore y se interiorice cada composición. La música que marca una época es aquella que permanece, que se recuerda con cariño y trascendencia. Actualmente, muchas obras de calidad pasan desapercibidas, perdidas en la saturación.
También observo que algunas composiciones han perdido la forma clásica de la marcha procesional. No me refiero solo a la instrumentación más amplia o rica, sino a ciertos tintes y estructuras que poco tienen que ver con el verdadero cometido de una banda: acompañar un desfile procesional a paso lento. Cuando se introducen ritmos o recursos que rompen el andar del costalero, se pierde la esencia. Lo preocupante es que esas fórmulas llaman la atención del público más joven y, en ocasiones, influyen incluso en decisiones de juntas de gobierno que desconocen en profundidad lo que significa la música procesional. En esos casos, el futuro me parece inestable, porque llegamos a ver cofradías en la calle que, por la música, no suenan a Semana Santa.
Algo similar ocurre en bandas de cornetas y tambores o en agrupaciones musicales: la instrumentación se ha enriquecido tanto que a veces echo de menos aquel timbre puro y hasta algo bronco de antaño, que quizás no brillaba por afinación pero tenía un pellizco inconfundible y lleno de alma.
Quiero subrayar también el tema de las crucetas o imposiciones. Las bandas no deberían estar atadas a una lista cerrada; es más hermoso confiar en la dirección musical y dejar que la magia del momento decida. Del mismo modo, no comparto la tendencia de anunciar con antelación qué se tocará en cada punto. La música procesional debe sorprender, debe dejarse vivir.
Igualmente, es importante aprender a escuchar a una banda en la calle. No se trata de volumen ni de sonar desde lejos: la banda está tocándole a la Madre de Dios y a su Hijo, y su fin último es emocionar, sensibilizar y ayudar a rezar.
Y termino con una nota positiva: me ilusiona ver cómo cada vez más jóvenes se animan a formar parte de este género tan nuestro. Ojalá mantengan la constancia y el amor por esta música, para que el futuro sea digno y siga la estela de lo que nos legaron nuestros antecesores.
Una marcha clásica: Pasa la Virgen Macarena
Una marcha contemporánea: Vía-Crucis
Una marcha propia: La Niña de la Estrella
Una banda que te inspira: Soria y Maestro Tejera
Un compositor: Don Pedro Morales Muñoz
Una imagen de Cristo que te conmueve: Ntro. Padre Jesús del Rescate
Un paso de palio: María Santísima del Dulce Nombre
Un lugar para escuchar música: El Realejo
Antes incluso de lo que soy capaz de recordar, mi vida ya estaba ligada a esta hermandad. Soy hermano desde pocos meses después de nacer y, durante estos 22 años, he podido vivir el vínculo entre esta hermandad y su barrio. Y es ese mismo vínculo el que provocó que esta marcha empezara a cobrar forma.
A lo largo de los años, he podido acompañar a nuestros titulares como monaguillo y como nazareno. En los años previos a la pandemia, tuve el privilegio de acompañar a Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras como acólito, al igual que en 2019, con María Santísima del Dulce Nombre en su primera estación a la Santa Iglesia Catedral. Y es en julio de ese mismo año cuando entré a formar parte de la Banda de Cornetas y Tambores de nuestra hermandad, aunque no sería hasta el año 2022 que podría acompañar de nuevo al Señor, esta vez tras Él, siendo su banda sonora.
Fígares surge como una dedicatoria a esta hermandad, a sus titulares y, cómo no, al barrio que los recibe y acoge cada Domingo de Ramos. Y es bajo ese título que la marcha empieza a componerse desde septiembre hasta finales de noviembre del año 2022. Desde los primeros bocetos, siempre tuve como propósito que el alma de esta primera marcha representara un vínculo especial: una oración íntima que ocurre entre el Señor y cada uno de los que le acompañan.
Y son las miradas, las expresiones y la fe que experimentan las personas cuando le ven a Él, despojado de su túnica en el transcurso de la pasión, las que me inspiraron a componer esta marcha.
Los abrazos de las cuadrillas antes de meterse bajo las trabajaderas, la devoción silenciosa de quienes lo contemplan, las lágrimas de los músicos que se han preparado durante un año entero para ser sus sones, y la mirada de un niño recién nacido, aún en el capazo, con una estampa del Señor sobre su pecho, son algunas de las vivencias que he querido que quedaran representadas en esta composición.
Aquí aparecen los dos solos de corneta que tiene la marcha. Estos solos buscan ser oraciones hacia el Señor en los momentos más suaves e íntimos de la marcha.
El primer solo es más delicado y aparece tras el primer fuerte de la banda, que representa un bando anunciador. Este es potente y es cortado por la batería y la campana. Es un solo que representa angustia y encogimiento, una oración en la que el Señor nos tiende su mano.
El segundo solo, al final de la marcha, llega a ser desgarrador, mucho más profundo, casi imitando al llanto. Después de estas oraciones en forma de solos de corneta, la composición evoluciona y la marcha encuentra en la percusión otro motivo.
Y lo hace con ese ritmo característico de las palilleras y los destemplados o roncos, que se escucha a lo largo de toda la marcha. Este ritmo representa ese andar tan característico del Señor: “siempre de frente”.
Un ritmo constante e ininterrumpido que acompaña al Señor en su andar solemne por las calles de Granada. Al igual que Fígares empezaba con un inicio potente, el último fuerte de la marcha, que hace ecos del segundo solo, nos muestra la décima estación, el transcurso de la pasión, como el Señor se aleja para adentrarse de nuevo en su barrio.
Y son las miradas, las expresiones y la fe que experimentan las personas cuando le ven a Él, despojado de su túnica en el transcurso de la pasión, las que me inspiraron a componer esta marcha.
Los abrazos de las cuadrillas antes de meterse bajo las trabajaderas, la devoción Como último detalle, me gustaría aclarar que Fígares contiene un pequeño guiño a otra marcha de la formación, marcha insignia de la banda y a la que tanto cariño le tengo.
Se trata de la marcha Y el cielo ganó una estrella, compuesta por Ignacio José García Pérez en 2014. Un pequeño gesto de agradecimiento a la banda que, hace muchos años, fue la razón para que empezara a estudiar música.
Esta marcha, dedicada a nuestros sagrados titulares, al final es más que música: es oración, memoria y recuerdos entre el Señor, la banda y todos los que vivimos cada Domingo de Ramos. Es en este diálogo entre música y oración donde la marcha cobra vida. Cada compás de Fígares es un paso más junto al Señor, siempre de frente, siempre con fe.
Jorge Jiménez de Baldomero
Miembro de la dirección musical de la Banda de Cornetas y Tambores Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras